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La presión vaticana logra gestos de distensión en Venezuela

La presión vaticana logra gestos de distensión en Venezuela.

La presión de la diplomacia vaticana arrancó los primeros gestos en Venezuela, tanto al chavismo como a la oposición. Algo parecido a un milagro político, impensable hace sólo unas semanas y que irritó sobremanera a los sectores radicales de ambos bandos.
La mediación papal obtuvo del gobierno la libertad de por lo menos seis presos políticos, todos ellos muy recientes, aunque se espera que se sigan abriendo las puertas de las cárceles. Y a los segundos los convenció para suspender la marcha prevista hasta el Palacio de Miraflores y para diferir “por unos días” el juicio político de la Asamblea Nacional a Nicolás Maduro por “ruptura del hilo constitucional”.

“Yo, de corazón, apuesto todo por el diálogo? Es el único camino para salir de los conflictos”, insistió ayer el Papa, para dejar claro una vez más que se juega mucho con su incorporación como actor político en un país sobre el que pende la espada de Damocles de la violencia.

Nicolás Maduro
Mientras unos discutían, los otros bailaban. Maduro profundizó su papel de “gran defensor de la paz”, incluso lanzándose como conductor de un nuevo programa radiofónico, La hora de la salsa. El primer tema elegido para debutar ayer en las ondas musicales resume su filosofía en estos momentos: “Indestructible”.

En la oposición, la intervención directa del Vaticano convenció a sus sectores moderados, que decidieron suspender la marcha al palacio presidencial, prevista para mañana. “Un proceso de diálogo supone transacciones. Es una oportunidad, más allá de los radicales de cada bando”, se defendió Henry Ramos Allup, presidente de la Asamblea. “Se inició un proceso que no es la iniciativa de un sector del país, sino un requerimiento de la comunidad internacional que está preocupada por una crisis profunda de Venezuela”, agregó.
El grupo parlamentario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) también decidió paralizar de momento el juicio político contra Maduro. La fecha tope es el 11 próximo, cuando tendrá lugar la sesión plenaria de las cuatro mesas instaladas para el diálogo. El adelanto electoral aparece como la mejor solución para hallar el camino dentro del laberinto nacional, aunque el chavismo apuesta por retrasarlo al máximo, sabedor de su endeblez electoral.

El efecto dominó de los gestos comenzó anteanoche con la puesta en libertad de los tres primeros presos políticos: Carlos Melo, Andrés Moreno y Marco Trejo. A la lista se sumaron ayer el comisario Coromoto Rodríguez, y Pablo Parada y Jean Carlos Ortiz -estudiantes de la Universidad Católica del Táchira, la región rebelde fronteriza con Colombia-, detenidos tras participar en una manifestación a mediados de septiembre.

Melo, dirigente social que militó en la marxista Bandera Roja y que ahora lo hace en Avanzada Progresista, estaba en prisión desde fines de agosto, acusado de portar un cinturón de explosivos. El propio Melo avisó 24 horas antes de que se produciría su detención; incluso fue arrestado cuando paseaba con su mujer. En su entorno denunciaron que el Servicio de Inteligencia Bolivariano (Sebin) le sembró los explosivos. “Mi liberación fue posible a través del diálogo”, dijo Melo en las redes sociales.

La historia de Moreno y Trejo es igual de pintoresca. Ambos son productores y colaboradores de Primero Justicia, el partido del líder opositor Henrique Capriles. Los dos jóvenes fueron detenidos hace unas semanas por “lesionar la moral de las fuerzas armadas”, al participar en la producción de un video partidario, en el que una joven avisaba a su padre -guardia nacional- porque se iba a una cola para comprar alimentos y medicinas.

Estos casos, incluido el de Rodríguez, jefe de Seguridad de la Asamblea, perseguido por su vinculación de muchos años con Ramos Allup, son muestra evidente de la arbitrariedad gubernamental contra los presos políticos, a los que Hugo Chávez llamaba “políticos presos”.

El Foro Penal calcula que en la actualidad hay 109 presos políticos en Venezuela.

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